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viernes, 15 de enero de 2021

Un poema de José Luis Hidalgo

José Luis Hidalgo 

GALLO 

El gallo rojo que al parirse el día 
alza violentamente su cresta breve como una herida, 
escupe sobre el cielo esa nube de sangre 
que luego los poetas en sus poemas cantan. 

Olvida los poetas y canta como siempre, 
abre como un otoño tu gran pico amarillo, 
tu duro pico hermano del espolón triunfante 
que de la piedra arranca su corazón de hueso. 

Despierta así, gritando, sin que nadie te estorbe, 
desperezando el día de somnolientos ojos, 
cansado de esta noche en que los hombres, tristes, 
contemplaban la luna como a un dios olvidado. 

Canta, canta y olvídame aunque te estoy cantando, 
ronco poeta humano que no puede entenderte. 
Canta sin miedo, libre, sin ritmo y sin palabras 
mientras se funde el día en su celeste fragua. 

- . - . - 

CUATRO POETAS DE HOY / José Luis Hidalgo / Gabriel Celaya / Blas de Otero / José Hierro. Selección y notas por María de Gracia Ifach. Taurus. Madrid, quinta ed.: 1981. Pág. 22. 

martes, 13 de febrero de 2018

Un poema de Edgar Bayley

Edgar Bayley

LA VECINA 

--¡Al diablo con tus proyectos y planes! ¡A quién se le ocurre vivir en semejante andurrial! No escarmentarás nunca. Ahora mismo me mando a mudar. La culpa es mía por andar con un hombre de tu especie. 

Elvira se fue y Carlos siguió avivando el fuego del hornillo. Tenía sus planes, es cierto, y no podía abandonarlos. Él se iría también pero en el momento oportuno. Mientras tanto una vecina lo observaba, acodada a su balcón. En ese momento llegó el doctor Pi. 

--Deje ese fuego ahora; hay cosas más importantes que hacer. Póngase la capa y salgamos. No olvide llevar el Cáliz de los Borgoñones. Invitaremos a su vecina. Nos será útil. 

Los tres se confundieron entre los enmascarados de la calle. El doctor Pi, que parecía aún más alto con su sombrero de copa, iba abriendo camino entre la multitud. Carlos, abrazado a su vecina, procuraba no perderlo de vista. 

--¡Doctor, Edgar nos espera en la torre!-- gritó Carlos. 

--Se equivoca, amigo, ya se encuentra en el aeropuerto. 

Entraron a descansar un rato a un café. 

--Era lo que me suponía --dijo el doctor Pi--. Nos han descubierto. Pero aún estamos a tiempo para despistarlos: oculte el Cáliz bajo su capa y huya con su vecina. 

- . - . - 

EDGAR BAYLEY. Antología poética / Selección y prólogo de Jorge Aulicino. FCE. CABA, 2015. Pág. 254. 

martes, 8 de noviembre de 2016

Un poema de Alberto Girri

Alberto Girri

PLEGARIA DEL MAGO 

Señor, 
padre en Samaria, 
hijo en Judea, 
Espíritu Santo en la obra, 
tu prodigio confunde mi arte, 
supera la virtud de los astros 
y quita fuerza a mis números secretos. 
En el fruto del nuevo estado, 
soy Simón, y también Pedro, 
cuanto fui en tu ley converge, 
mas queriendo lo que ahora 
sale del andrajoso besador del polvo, 
del que finge negarse, 
para tenerte. 
¡Qué doblez de conciencia! 
¡Qué rata es vicario! 
¡Qué escándalo vemos! 
Ese Pedro, llorón arrepentido, 
imponiendo la paloma, 
mientras deja consumir el fuego que trajiste. 

Señor, véndeme tan dulce potestad, 
y de tu gloria y mi sabiduría 
limpio resurgirá lo despreciable, 
consumaremos la destrucción del templo, 
mutaciones, justo terror, 
al que adivina tu esencia y tambalea 
aguardando el toque del retorno, 
hijo del hombre viniendo en una nube. 

Véndeme, 
concédeme la tierra, 
tú, mi dueño. 

(1952)

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ALBERTO GIRRI. Antología temática. Selección y prólogo de Enrique Pezzoni. Editorial Sudamericana. Colección Índice. Buenos Aires, 1969. Pág. 204.