martes, 11 de abril de 2017

Un poema de Jorge Guillén

Jorge Guillén

POTENCIA DE PÉREZ IV: CORO DE POLICÍA 

Correctos, brutales, 
Sutiles, entramos, 
salimos, rivales 
De lobos y gamos. 

Por nuestras pistolas 
Ilustres bergantes 
Que viven de trolas 
Son más elegantes. 

Repertorio fino: 
Engaño, tortura, 
Muerte en el camino 
Más que cárcel dura. 

Tal es nuestra dicha 
Que hasta el más honesto 
Desde alguna ficha 
Cae en nuestro cesto. 

El Jefe ya sabe 
Que es Primer Cruzado 
Mientras sea suave 
La guarda a su lado. 

- . - . - 

JORGE GUILLÉN. Antología de aire nuestro. Losada. Buenos Aires, 1976 (reimpresión). Pág. 66.

jueves, 30 de marzo de 2017

Un poema de Mario Trejo

Mario Trejo

SOLICITUD DE CLEMENCIA 

Yo sólo pido perdón 
por haber besado las playas del Mar Rojo 
haber visto las luces de Aqaba en el amanecer verde 
haber tomado mate entre el humo de los asesinos 
haber temblado ante el incesto 
del pez piedra con las piedras 
del sol con la belleza 
de mis sueños con la realidad 

Yo sólo pido perdón 
por haber inventado las montañas de Arabia Saudita 

- . - . - 

MARIO TREJO. El uso de la palabra. Prólogo de Alberto Cousté. Ed. Colihue. Col. Musarisca. Buenos Aires, 1999. Pág. 153. 

domingo, 26 de marzo de 2017

Un poema de Vanguelis Kassos

Vanguelis Kassos

EL TIEMPO QUE LLEVA LA LUZ 

la memoria discurre 
como la golondrina 
en el cable eléctrico 
aprieta con sus patas la corriente 
el tiempo que lleva la luz 
que mata 
a quien lo toca 
con el alma mojada 

- . - . - 

VANGUELIS KASSOS. En Poesía griega moderna. Selección, traducción directa del griego y notas, por Horacio Castillo. Ed. Vinciguerra. Buenos Aires, 1997. Pág. 266.

lunes, 13 de marzo de 2017

Un poema de Miguel Hernández

Miguel Hernández

Umbrío por la pena, casi bruno, 
porque la pena tizna cuando estalla, 
donde yo no me hallo no se halla 
hombre más apenado que ninguno. 

Sobre la pena duermo solo y uno, 
pena es mi paz y pena mi batalla, 
perro que ni me deja ni se calla, 
siempre a su dueño fiel, pero importuno. 

Cardos y pena llevo por corona, 
cardos y penas siembran sus leopardos 
y no me dejan bueno hueso alguno. 

No podrá con la pena mi persona 
rodeada de penas y de cardos: 
¡cuánto penar para morirse uno! 

- . - . - 

MIGUEL HERNÁNDEZ. El rayo que no cesa. Col. Austral n° 908. Décima edición. Espasa-Calpe. Madrid, 1982. 

domingo, 26 de febrero de 2017

Un poema de Liliana Lukin

Liliana Lukin

había pronunciado palabras 
que tomaron cuerpo en otro paisaje 
y su sombra proyectaba en mí 
la posible memoria de estos días 

él pronunciaba y yo recuerdo 
y ese gesto nada significa 
a la luz de los hechos: 
hasta la disposición de los objetos 
inocua y en el fondo del cuadro 
es ahora un vago color 
el volumen que modula mi sabiduría 
acerca del pasado 

había pronunciado es una idea 
en realidad él dijo 
y yo me alimentaba de esas aguas 
con un deseo sin paz que ya olvidé 

él pronunciaba y yo recuerdo 

y ésta es la cuestión de la muerte 

- . - . - 

LILIANA LUKIN. Obra reunida / 1978-2008. Ediciones del Dock. Pez Náufrago, n° 29. Buenos Aires, 2009. Pág. 102. 

sábado, 18 de febrero de 2017

Un poema de Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas

JUGANDO A LOS ESDRÚJULOS 

Jugando a los esdrújulos, no fui alcohólico 
ni lúbrico, ni drogonicotínico, 
todo lo más fui lectúrico 
y por lo visto bórgico 
hasta el amanecer, un lectúrico 
sistemático y a la vez 
caótico. Todo claro: 
un mísero 
músico de once líneas; ni 
órfico, ni 
eso otro telúrico.

- . - . - 

GONZALO ROJAS. Concierto / Antología poética (1935-2003). Selección y prólogo de Nicanor Vélez. Liminar del autor. Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores. Barcelona, 2004. Pág. 129. 

martes, 14 de febrero de 2017

Un poema de Antonio Cisneros

Antonio Cisneros

ENTONCES EN LAS AGUAS DE CONCHÁN (VERANO 1978) 

Entonces en las aguas de Conchán ancló una gran ballena. 
Era azul cuando el cielo azulaba y negra con la niebla. Y era azul. 
Hay quien la vio venida desde el Norte (donde dicen que hay muchas). 
Hay quien la vio venida desde el Sur (donde hiela y habitan los leones). 
Otros dicen que solita brotó como los hongos o las hojas de ruda. 
Quienes esto repiten son la gente de Villa El Salvador, pobres entre los pobres. 
Creciendo todo tras las blancas colinas y en la arena: Gentes como arenales en arenal. 
(Sólo saben del mar cuando está bravo y se huele en el viento.) 
El viento que revuelve el lomo azul de la ballena muerta. Islote de aluminio bajo el sol. 
La que vino del Norte y del Sur y solita brotó de las corrientes. 
La gran ballena muerta. 
Las autoridades temen por las aguas: La peste azul entre las aguas de Conchán. 
La gran ballena muerta. 
(Las autoridades protegen la salud del veraneante.) 
Muy pronto la ballena ha de podrirse como un higo maduro en el verano. 
La peste es, por decir, 40 reses pudriéndose en el mar (o 200 ovejas o 1.000 perros). 
Las autoridades no saben cómo huir de tanta carne muerta. 
Los veraneantes se guardan de la peste que empieza en las malaguas de la arena mojada. 
En los arenales de Villa El Salvador las gentes no reposan. 
Sabido es por los pobres de los pobres que atrás de las colinas 
flota una isla de carne aún sin dueño. 
Y llegado el crepúsculo --no del océano sino del arenal-- 
se afilan los mejores cuchillos de cocina y el hacha del maestro carnicero. 
Así fueron armados los pocos nadadores de Villa El Salvador. 
Y a medianoche luchaban con los pozos donde espuman las olas. 
La gran ballena flotaba hermosa aún entre los tumbos helados. Hermosa todavía. 

Sea su carne destinada a 10.000 bocas. 
Sea techo su piel de 100 moradas. 
Sea su aceite luz para las noches y todas las frituras del verano. 

- . - . - 

ANTONIO CISNEROS: Postales para Lima. Prólogo de Antonio Rabí do Carmo. Selección de Jorge Boccanera. Colihue. Musarisca. Buenos Aires, 1999. Pp. 114-115.